REPORTAJE: La obesidad infantil: Problema sin atención que causa graves enfermedades en la edad adulta

26 may

Por María Angelina Castillo Borgo

Las enfermedades cardiovasculares arrastran 17 millones de muertes anuales, la principal causa a nivel mundial, según cifras de la Organización Mundial de la Salud. La diabetes, por su parte, se ha transformado en una epidemia mundial. El cáncer de colon y las enfermedades del aparato locomotor no se quedan tan atrás. Estas son las consecuencias que traen el sobrepeso y la obesidad. Y el riesgo sigue es aún más escalofriante.

Cifras publicadas por la consultora Euromonitor, y reseñadas por medios nacionales, señalan los diez países del mundo con mayores índices de obesidad entre la población mayor de 15 años, Venezuela se encuentra en el sexto lugar con un29,6% de su población.

La OMS define la obesidad como una acumulación anormal o excesiva de grasa en el cuerpo que puede ser perjudicial para la salud. Esta condición se mide a través del índice de masa corporal (IMC): el peso de una persona en kilogramos dividido por el cuadrado de la talla en metros. Según la OMS, una persona con un IMC igual o superior a 30  es considerada obesa. En el caso de la población infantil, la situación es un mal silencioso. La familia no ve la gravedad del problema, porque un niño “gordito” es un niño bonito.

Y constituye un hecho alarmante, ya que la obesidad infantil va asociada a una mayor probabilidad de muerte prematura y discapacidad en la edad adulta, según datos de la OMS; lo que afecta a la fuerza de trabajo de una nación.

Una enfermedad que transita hacia otros países y estratos

Anteriormente se pensaba que la obesidad era un problema de los países desarrollados; sin embargo está aumentando en los países con bajos ingresos. Para la pediatra y profesora de Nutrición de la Universidad Central de Venezuela, Dra. Liliana Vera, la causa son los factores fisiológicos de adaptación. “Un mecanismo de adaptación a estos procesos donde hay un déficit importante de nutrientes en las primeras etapas y el organismo crea una defensa de absorber más, sin ninguna selectividad; eso hace que a la larga haya un desbalance y se pasa muy rápido de desnutrición a una obesidad”.

Culturalmente en Venezuela se ha asociado el “gordito” a los integrantes de las clases pudientes. Reflejaba salud, estabilidad económica. Actualmente, en Venezuela, esta situación no es así. La obesidad infantil se presenta tanto en los estratos altos como en aquellos con poca capacidad adquisitiva, lo que hace la diferencia es el tipo de comida que lleva a los niños a ese estado. En el primer caso se produce por un exceso alimento calórico: comidas rápidas, que se consideran costosas; y en el segundo la situación es diferente. Explica la profesora de Nutrición Humana de la UCV, Ana Virginia Ávila: “En los estratos 4 y 5, la familia trata de conseguir alimentos que rindan para todos; y eso estaría basado en cereales refinados: pasta, arroz, harina, para hacer platos combinados en los que no necesariamente la parte proteica es la más importante”.

Esto se ve reflejado en las cifras del Instituto Nacional de Estadística pertenecientes al cuadro Venezuela. Productos con mayor consumo aparente diario por persona, por estrato social, correspondiente al primer semestre del año 2009. En los estratos I,II y III los productos que más se consumen son, en este orden: carne de pollo, seguido de frutas y  dejando entre los últimos lugares la pasta alimenticia. A medida que se avanza en los estratos IV y V esto va cambiando, quedando entre los primeros lugares las pastas, el arroz y las harinas.

No obstante; la situación no solo queda en los hábitos alimenticios.

Gravedad de la obesidad en el niño

Para el obesólogo Alessandro Oca la mayor afectación en los infantes es la psicológica. “Cuando la madre alimenta al niño en respuesta a demandas que no son nutricionales, como ternura, enojo o miedo, él no podrá diferenciar entre lo que es el hambre y estar molesto. Esto provocará una sobrealimentación y la confusión ante las demandas afectivas del niño que no le permitirán tener una claridad de sus necesidades, lo que generará mayor inseguridad”.

Si a esta situación no se le pone un alto, el niño seguirá con la misma condición, y al llegar a la edad escolar será víctima de situaciones de alejamiento y maltrato por parte de sus compañeros. Y el asunto no queda solo allí, empeorará al llegar a la edad adulta, no tanto en el caso emocional y psicológico, que sí lo puede haber, sino en temas de enfermedades crónica no transmisibles como las cardiovasculares, colesterol alto, cáncer.

Estas condiciones tienen mayor probabilidad de continuar si no se ataca la obesidad en la infancia. Y en Venezuela, parece que eso no está sucediendo.


Un problema no tan pasajero

Frente a la interrogante de por qué los padres no ven con temor el problema de la obesidad infantil, la doctora Coromoto Tomei, investigadora en el área de Nutrición Clínica Pediátrica, afirma que se trata de un problema de educación y cultural. “No lo ven como una enfermedad, sino como algo pasajero, como algo adecuado. No se preocupan porque piensan que cuando el niño crezca eso se le va a pasar. Y mentira, porque ahí es donde están los verdaderos problemas”. Afirma que a medida que avanzan en edad luego será más complicado controlar su peso y lograr la talla adecuada.

Difícil tratamiento

La pediatra Liliana Vera afirma que el problema del tratamiento es lo poco constante de los involucrados, ya que lo inician pero no lo cumplen completamente. “Es difícil porque no es solamente un plan de alimentación, tiene que llevar también un plan de actividad física, y debe ser familiar: que toda la familia coma diferente, no solamente el niño”. Explica que los padres deben sumarse a la causa, ya que si solo se le restringe la chuchería o el refresco al niño, él lo verá como un castigo. “Los niños aprenden con el ejemplo”, sentencia.


La Venezuela actual: el estrés sin soluciones

El tratamiento y el ver como un problema la obesidad en el niño se hace más difícil cuando en la sociedad no hay ayuda de política públicas y toda la atención se corre hacia los temas de la inseguridad, la escasez y la incertidumbre política.

Para el sociólogo e investigador del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales, Tito LaCruz, estas situaciones generan ansias que son manifestadas a través de ciertas conductas que, explica, pudiera catalogar como nocivas o autodestructivas; sumado al hecho de que el Estado no le presta atención. “La polarización política te impide que metas el tema de la obesidad en la agenda pública. Y por otro lado, se suma el hecho del desabastecimiento; no se establecen diagnósticos porque no se sabe si la gente consume más proteína o más carbohidrato, y así no se pueden poner en marcha soluciones”.

Los programas de difusión: ¿Otra falla?

Para la pediatra Vera uno de los agravantes es la poca información a nivel de la población sobre el problema. “Estamos más claros sobre desnutrición, porque es como más evidente, porque siempre nos hemos caracterizado de hablar más de los desnutridos que de los obesos”. LaCruz coincide en el tema de la falta de difusión y suma el hecho de que no hay suficientes estudios que permitan catalogarlo y combatirlo.

No obstante, la profesora Ávila y la doctora Tomei coinciden en que las fundaciones y organizaciones están llevando una buena labor informativa.

La profesora de la UCV relata que un asunto positivo en las universidades es la Ley de Servicio Comunitario de los estudiantes de Educación Superior, ya que ha impulsado programas de los alumnos de Nutrición con las comunidades en temas de salud y alimentación. “Nosotros hemos tenido la suerte de participar con la Fundación Bengoa en campañas contra la obesidad. Y hay sitios como fe y Alegría que tienen becas de comida: una arepa con queso rallado”.

La doctora Tomei manifiesta que esto programas de ONGs, campañas televisivas y repartición de trípticos han funcionado ya que las mismas fundaciones les hacen seguimiento. Y considera que lo más importante es a difusión y más difusión para que la población esté enterada.

No obstante, y a pesar de las cifras positivas que arrojan organizaciones como la Fundación Bengoa acerca de las campañas para una alimentación adecuada, el caso es que estamos sextos en el ranking mundial y las proyecciones no prometen futuros positivos.

¿Qué será entonces lo que nos está faltando?

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